El cajú (Anacardium occidentale) pertenece a la familia Anacardiaceae, como el árbol de mango y el árbol de pistacho. El árbol de cajú es nativo de Sudamérica donde florece en Brasil y Perú.

El árbol de cajú es de hoja perenne, de clima caluroso y de crecimiento rápido con una copa tipo paraguas. El árbol tiene una apariencia bastante desprolija, con tallo nudoso y de ramas torcidas. Las ramas más bajas llegan cerca del suelo y pueden enraizar, aumentando así su manera de reproducción. Los árboles de cajú producen una fruta (manzana) y una castaña. Una vez que florece se forma la castaña. Luego la manzana se hincha entre la cáscara de la castaña y el tallo. Se necesitan dos meses para que la manzana madure. Cuando se cosecha, la manzana solo puede mantenerse por veinticuatro horas antes de comenzar a fermentar. Aunque la fruta puede ser utilizada para realizar variadas preparaciones típicas frutales (jaleas, mermeladas, jugo, vino y licor), la manzana es a menudo descartada, en búsqueda de la castaña.

Si se la procesa y guarda adecuadamente, la castaña de cajú puede durar un año o más. Técnicamente, la castaña es la cáscara gruesa de la semilla. Mucha gente evita las castañas de cajú debido a su alto contenido en grasas, aunque tienen menos grasa que las almendras, maníes, nueces y pecanas. El cajú provee ácidos grasos esenciales, vitaminas B, fibra, proteína, carbohidratos, potasio, hierro y zinc. Al igual que otras castañas y nueces, el cajú tiene un porcentaje pequeño de grasas saturadas; de todas maneras, consumida en pequeñas cantidades constituyen un alimento altamente nutritivo.